domingo, 20 de julio de 2008

LA POLITICA VISTA CON HUMOR


Un reportaje en el diario el País revela que un libro intenta relatar la historia de los países comunistas del Este de Europa a través del humor.
Y es que el humor a veces se convierte en un mecanismo para resquebrajar las barreras impuestas por la prensa oficiosa y por la oficial. Solo basta mirar a nuestro alrededor para cerciorarnos de que los más críticos a este régimen por ejemplo suelen ser los humoristas de nuestro país. Desde los chistosos de RPP que sostienen cosas que ninguno de los relatores de sus noticieros se atrevería a decir, hasta los dibujantes de Perú 21 que desde El Otorongo se convierten en verdaderos editorialistas de lo que sus columnistas omiten. Si a esto le agregamos los chistes populares que rondan por la red y por la calle tenemos que los chistes a veces se convierten en catarsis y en protesta como el chiste que ronda acerca del Record de Guinnes que un amigo me pasó que dice así:

LOS "RECORD DE GUINESS" SE RENUEVAN: Diversos personajes se acercaron a la sede de la famosa Guía Guiness de records mundiales para "Renovar sus Títulos": Entró Cenicienta y a los cinco minutos salió llena de alegría: - ¡¡Sigo siendo la más bella del Mundo!! Luego entró Pulgarcito y a los pocos minutos salía saltando y de lo más contento: - ¡¡Todavía no hay nadie más pequeño que yo!! Entró DUMBO y enseguida salió feliz, batiendo sus orejas, feliz: - ¡¡AUN SOY EL UNICO ELEFANTE VOLADOR!! Sin esperar, ingresó ALI BABA escoltado por sus 40 ladrones... A los 10minutos salió rojo de la rabia, insultando y gritando a voz en cuello: - ¡¿¿Quién Mierda es Alan García???
O el otro que rondaba acerca de Alan, durante su primer gobierno, según el cual García debería ganar el premio Nobel de Química pues había sido el único capaz de convertir el dinero en mierda.

Pero creo que me desvié y el asunto venia por el buen artículo publicado hoy en el País de España en el que informa acerca de un libro titulado El martillo y la risa que trata acerca de los chistes en medio de los gobiernos comunistas y en el que se puede leer:
"¿Qué hay más frío que el agua fría en Rumania? El agua caliente". Mientras caminaba por uno de los delirantes bulevares construidos por Ceausescu en Bucarest, rodeado de horribles colmenas de viviendas aluminosas recién construidas y que ya se caían a trozos, le contaron este chiste al periodista británico Ben Lewis. "Simple, preciso, bello y verdadero como un haiku japonés", relata. Entonces se puso a recopilar y buscar chistes en los países del antiguo bloque comunista y descubrió que se podía contar la historia de lo que ocurrió al otro lado del telón de acero a través del humor, desde la revolución soviética hasta la caída del muro de Berlín.
"Las bromas eran una forma de mantener nuestra dignidad", le relató una mujer húngara
¿Por qué a pesar de la carestía el papel higiénico alemán (ex-alemania oriental) tiene dos hojas? Porque hay que enviar una copia de todo a Moscú".
Tras 20 años en un campo de trabajo, un tipo vuelve a casa. Su madre le espera en el andén. La abraza nada más descender la escalinata. "¿Cómo me has reconocido tan rápido después de tanto tiempo?", pregunta la madre. "Por el abrigo", responde.
"En ciertas culturas se producen determinadas formas de expresión que alcanzan un papel muy importante y que sirven para definir sus ideas y sus valores. Los griegos tenían sus mitos, los isabelinos el teatro. Tras la II Guerra Mundial, la música pop definió la cultura occidental. Los comunistas tenían los chistes políticos.
"Puedes contar toda la historia del comunismo a través de chistes", dijo a Lewis un antiguo prisionero del Gulag, Simon Vilensky.
En el artículo del Diario tambien se puede leer que… Aprovechando la apertura que desembocó en la Primavera de Praga, el escritor eslovaco Jan Kalina tuvo la idea de enviar a imprenta un libro llamado 1001 chistes, con tan mala fortuna que, como era habitual, no había papel. Pero la verdadera mala suerte empezó cuando, en 1969, llegó el papel y a alguien se le ocurrió sacar el libro... en plena represión posterior a la invasión soviética. Los 25.000 ejemplares se vendieron en dos semanas. A Kalina le llenaron la casa de micrófonos y, tres años más tarde, fue llevado ante los tribunales. Cuando el juez le espetó que los micros los pusieron los servicios secretos occidentales, respondió: "Qué chiste más bueno. Es una pena que no esté en mi libro". Fue condenado a dos años de prisión. Y eso no fue un chiste.
Leer chiste completo, perdón quise poner artículo completo……….
Nota: La caricatura es sacada de la edición 38 del Otorongo.

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